Las posiciones que se exponen en este libro sobre la cultura
visual son las siguientes:
- La perspectiva proselitista.
Lo que pretende transmitir el autor mediante esta
perspectiva es que los alumnos reciben una gran cantidad de influencias tanto
de la televisión, los videojuegos, las imágenes, internet, etc; y que algunas
de esas influencias son negativas para ellos, puesto que favorecen al
materialismo, el consumismo o la violencia. Cuanto más estén los niños o
jóvenes expuestos a este tipo de estímulos, mayor será la influencia de éstos.
Así consideramos que esta perspectiva presenta a la cultura
visual como algo negativo para los alumnos. Entonces, en la práctica educativa
habría que prevenir a los alumnos sobre estas cosas.
Creo que a los niños y jóvenes hay que enseñarles de tal
forma que ellos mismos sepan distinguir lo que es bueno para ellos y lo que no.
Tienen que saber seleccionar que partes de la cultura visual pueden aprovechar.
- La perspectiva analítica.
En esta perspectiva se valora mucho la cultura visual para
la vida de los estudiantes. Por ello, el docente sirve de guía para ellos y
reconocen a los alumnos como consumidores. Quieren convertir a sus alumnos en
los “espectadores ideales”, para que no caigan en el consumismo ni la persuasión
de la cultura visual.
En este enfoque las representaciones de la cultura visual
son consideradas como objetos para el análisis, y los docentes deben adecuarlos
al currículo.
En mi opinión, esta perspectiva ayudaría a los alumnos a
tener un juicio crítico acerca de las imágenes, productos y manifestaciones que
les presenta la cultura visual.
- La perspectiva de la satisfacción.
Aquí se permite que los alumnos disfruten de la cultura
visual sin pedirles que analicen o juzguen lo que les gusta y lo que no. Con
esta perspectiva no se puede crear una base en los alumnos sobre la que construir,
ya que cada uno va a tener un punto de vista y unos gustos diferentes a otros.
Esta forma de pensar tal vez sea buena a la hora de dejar
que los niños se expresen y determinen sus gustos propios, pero sería más difícil
homogeneizar la clase y partir de un mismo contenido para todos. Además, creo
que si les dejamos a su aire para que elijan su propia cultura visual, no
podrán conocer otras y aprender a diferenciar.
- La perspectiva autorreflexiva.
Los educadores consideran la cultura visual como algo
influyente en la vida de sus alumnos, y no pueden darla de lado. Con esta
perspectiva, cada persona puede llegar a conocer su identidad y sus gustos,
pero siempre de una forma crítica consigo mismo. Los alumnos podrán conocer
gran cantidad de representaciones de la cultura visual y llegar a construir la
suya propia.
Pienso que es la perspectiva más completa puesto que se
resumen las otras, y permite al alumno reflexionar y adaptarse a los demás.
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